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Ampliar la mirada sobre el cuerpo para cambiar nuestra relación con el mismo. Amemos nuestro cuerpo.
"Venus de Willendorf del siglo XXI" del Art Academy de Latvia, Riga. Imagen de Brigita Zelca en Wikimedia Commons

Ampliar la mirada sobre el cuerpo

Con el final del verano me apetece volver a reflexionar sobre la relación que tenemos con nuestros cuerpos. La presión psicológica que el cánon de belleza (patriarcal) del momento ejerce sobre nosotras es muy poderosa y evidente, aunque muchas veces esta opresión se disfrace de ‘decisión propia’ o de ‘odio, desagrado o insatisfacción’ con el propio cuerpo, o con ciertas partes de nuestros cuerpos. Con este artículo me gustaría ampliar la mirada sobre el cuerpo, añadiendo un enfoque crítico, recabando un poco en la historia y yendo un poco más allá. ¿Con qué ojos miras tu cuerpo?

Nota: Antes de continuar, quiero decir que no me gusta usar la dicotomía hombre-mujer, pero en este artículo se me ha hecho especialmente difícil. También decir que me he centrado en la opresión del cuerpo tradicionalmente leído como mujer, pero hay más cuerpos oprimidos.

Visión patriarcal del cuerpo

El patriarcado apareció hacia el año 4000 a.C., cuando el hombre (masculino) intentó derribar cualquier tipo de organización social matriarcal, además de dominar todo lo ‘femenino’ que existe en la vida, que consideraba inferior, salvaje, atrasado y deforme. Por ejemplo, Platón afirmaba que las mujeres son «inferiores por naturaleza» y que «son resultado de una degeneración física del ser humano» (ver referencia). Desde entonces, el hombre siempre ha relegado a la mujer a un plano inferior, opinando sobre ella, sobre cómo debe ser, comportarse, y cómo debe servir al hombre.

Los cánones de belleza han ido variando a lo largo de la historia. En el Renacimiento, por ejemplo, el hombre consideraba que una mujer bella debía tener apariencia de virgen, piel clara, caderas y estómago redondeados, y senos pequeños y firmes. Ahora, el hombre opina que la mujer, para ser bella y perfecta, no debe tener demasiadas curvas, debe ser alta, delgada y estilizada, y con unos buenos pechos (para poder ser admirados y tocados por ellos).

Cánones de opresión o negación

Pero esto no es todo, tampoco debe tener estrías, ni michelines, ni celulitis, ni se le deben marcar las venas de las piernas, ni debe tener papada, ni arrugas, ni verrugas, ni los pezones demasiado grandes, el pubis rasurado y de piel clara, y un largo sinfín de negación de naturalidades que conforman nuestro cuerpo.

Lo que tienen en común todos estos cánones es que «colocan a la figura de la mujer como objeto de deseo, puesta en inferioridad a la masculinidad, creando un ideal físico y de deseo» (ver referencia). Por este motivo, creo que los cánones de belleza u opresión sólo tienen sentido en una sociedad patriarcal.

Adaptar el cuerpo a la visión patriarcal

Debido a los cánones de belleza patriarcales (cada vez me da más asco escribir esta expresión), existe una idea generalizada de que tenemos un cuerpo imperfecto que necesita ser arreglado (ver referencia). Esta idea está tan extendida y arraigada que, en palabras textuales de Mireia Darder, en su libro Nacidas para el Placer (página 49):

«[…] las mujeres se sienten mejores y más satisfechas con ellas mismas en la medida en que mutilan su cuerpo para que se parezca al ideal que el hombre desea, aunque las mismas mujeres sean finalmente las más apegadas a este modelo ideal».

Visto así, ¿no os parece rocambolesco todo esto? Y por si no fuera suficiente, paralelamente existe una gran industria que se lucra de modificar y mutilar el cuerpo de mujer. Ésta, además de beneficiarse de esta percepción de imperfección, la perpetúa, y por si no fuera poco, se inventa más requisitos opresivos para ganar más dinero (¿de dónde ha salido sino la necesidad de operarse la vulva?).

Visión natural del cuerpo

El cuerpo es un contenedor y vehículo perfecto, que la naturaleza ha diseñado para nosotrxs, para el ser humano. El cuerpo nos permite contener los huesos, músculos, órganos y demás, y nos permite movernos por el espacio para sobrevivir.

Mediante la respiración obtenemos energía y agua para nuestras células. Mediante la comida ingerimos nutrientes que también nos proporcionan energía, y nos permiten construir y reparar los tejidos. Gracias a las hormonas y la genética, el cuerpo tradicionalmente leído como mujer tiene caderas anchas y almacena reservas de grasa en los pechos, caderas y muslos. Esa grasa se convertirá en energía y leche materna en un supuesto caso de embarazo (ver referencia). Y, según el clima, estas reservas de grasa tienden a variar en su ubicación y reparto, por su función termorreguladora (ver referencia).

Es asombroso darse cuenta de cómo funciona nuestro cuerpo. Somos perfectas tal y como somos, la naturaleza nos ha hecho así. ¿Por qué cambiar nuestro cuerpo según los principios encorsetados que el hombre misógino ha dictado para nosotras?

El cuerpo no lo es todo

Somos más que un cuerpo. Somos un ser vivo con capacidad de pensar, sentir y expresar. Tenemos emociones, intelecto, memoria, psique, energía vital. Somos creación, somos risas y lágrimas. Somos el disfrute de un paseo por la playa o la montaña. Somos puro placer al notar la brisa meciéndonos el vello corporal, o nadando en el mar. Somos baile, yoga, y body-pump (no sé lo que es pero está de moda). Somos plenitud al compartir momentos con lxs amigxs. Somos felicidad al jugar con nuestro perro en la calle. Somos calma tomando una infusión en un día lluvioso.

El sistema patriarcal nos ha marcado con hierro ardiente las medidas opresivas del cuerpo de mujer. A nosotras y a ellxs. Si ellxs quieren juzgar, que juzguen. ¿Por qué sufrir por no cumplir una normatividad antinatural que ellos se han inventado? Es SU problema no ver la realidad, no darse cuenta que los cuerpos son tan variopintos como infinitas posibilidades hay en la naturaleza, y que somos más que un cuerpo. No caigamos en su juego.

Si no gozamos de nuestro cuerpo, porque estamos constantemente preocupadas por la «imperfección» de éste, ¿cómo vamos a gozar plenamente de la vida?

Si pudiera vivir nuevamente mi vida, no intentaría ser tan perfecta

Quería compartiros el poema Instantes de la poetisa Nadine Stair, que escribió a sus 85 años, y en el que reflexiona sobre las cosas de su vida que, si tuviese otra oportunidad de vivir, haría diferente. Y son cosas tan mundanas y tan sencillas las que valora, que merece la pena que las tengamos en cuenta, ya que nosotras aún podemos cambiar muestra mirada y nuestras prioridades. Si quieres escuchar su poema, que Barbijaputa lee al final del podcast especial sobre «la relación de las mujeres con nuestro cuerpo», haz clic en el enlace y ve al minuto 22:30 (aunque te recomiendo que lo escuches entero).

Nuestro cuerpo es precioso toda la vida, desde que nacemos hasta que morimos. Es una pena que no (lo) disfrutemos plenamente al obcecarnos con ciertas partes del mismo. Yo también he sido muy severa con ciertas partes de mi cuerpo, pero siempre estamos a tiempo de ampliar nuestra mirada y cambiar la relación que tenemos con el cuerpo, y ¡querernos y punto! Sin ‘peros’ y sin argumentos misóginos ni antinaturales.

No compro tus cánones de belleza

Y para terminar con un poco de alegría, quiero compartir esta canción de Negrah Liyah, artistaza que escupe crudas verdades y a quien, como yo, «no me seducen, ni compro, ni vendo tus cánones de belleza». Así pues, «dejemos estas exigencias perfeccionistas para las muñequitas heterocapitalistas, que no quieren despertar, no quieren ser ellas, no quieren pensar». ¡Espero que nos encontremos en las calles tarareando su ritmo pegadizo!

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