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Cómo terminar con los comportamientos autodestructivos. Qué son los comportamientos autodestructivos. Autodestrucción. Personas autodestructivas.
Camuflaje multicolor del camaleón. Imagen de azazelok en Pixabay.

Autodestrucción, la compañera camaleónica

A raíz del poema «Cadencia y candencia», tenía pendiente escribir un artículo donde tratar y dar visibilidad a la autodestrucción de una forma objetiva y sin enjuiciar (es complicado, pero por lo menos lo voy a intentar). Por si no has leído el poema, en él doy voz al baile emocional y energético que vive mi cuerpo en determinados momentos que podrían considerarse ansiosos o estresantes, y a los que normalmente sigue un acto autodestructivo.

Creo que es un tema necesario de tratar, porque algo con un nombre tan intimidante y estremecedor parece que no pueda ser bueno. Es más, parece que sea horroroso. Y parece que sea de taradxs mentales. Porque, ¿quién quiere hacerse daño?

¿Qué es la autodestrucción?

Para empezar no quiero hablar de autodestrucción sino de ‘actos autodestructivos’. No hay personas autodestructivas, hay personas que realizan actos autodestructivos.

Tal y como la palabra indica, significa destruirse a sí mismx, ya sea física o psicológicamente. Cuando unx piensa en un acto autodestructivo a lo mejor se imagina a una persona con un cinturón de bombas, o que toma un bote de pastillas entero para terminar con su vida. Pero hay una gran diversidad de comportamientos autodestructivos y la mayoría no implican lesionarse de forma directa.

La variedad cromática de los actos autodestructivos

Los comportamientos autodestructivos pueden implicar autolesión (cortarse el brazo, quemarse con un cigarro, o golpearse)1, o bien los efectos pueden aparecer a largo plazo (con las drogas, alcohol, juego, sexo sin protección, compensación a través de la comida, hiperactividad extrema)2. También existen formas de autodestrucción más sutiles o inconscientes, como los pensamientos negativos o el autosabotaje (buscar situaciones que corroboren que no somos suficiente, buscar situaciones en las que recibamos rechazo)3.

Así pues, desde el acto más directo al más sutil, tenemos un gran abanico de comportamientos que se pueden considerar autodestructivos. Pero en realidad da igual si es directa o sutil, la autodestrucción es un término, una etiqueta, que se abstrae de todos estos comportamientos para ponerles un nombre. Y vaya nombre más catastrófico.

Hay miles de artículos que tratan las conductas autodestructivas estableciendo patrones y patologizándolos, por lo que nos podemos perder fácilmente en las palabras y las formas. Quedarnos sólo con la afirmación de que la autodestrucción es algo patológico que tenemos que cambiar nos desvía completamente de su esencia: son acciones que realizamos para no atender lo que el cuerpo nos grita.

¿Por qué nos autodestruimos?

Porque tenemos algo ahí adentro que nos genera malestar. Y ese «algo» son emociones. Punto. Tan sencillo pero tan complicado a la vez.

Los actos autodestructivos son una consecuencia, una reacción. Son un intento desesperado para calmar o acallar esa emoción, eso que nos grita el cuerpo y que no sabemos cómo atender. Pero a veces hace tantos años que no prestamos atención a esa emoción, y hace tanto tiempo que la tenemos ahí ‘escondidita’ para que no nos moleste en nuestros quehaceres diarios, que ¡no sabemos ni que está ahí!

Por eso mantenemos los comportamientos autodestructivos y nos cuesta tanto cambiarlos, porque no nos damos cuenta que tenemos que mirar un poco más allá (o más adentro).

La compañera camaleónica

Muchas veces intentamos cambiar un comportamiento autodestructivo y nos “enganchamos” a otro. Por ejemplo, es muy común que cuando una persona deja de fumar se “enganche” a otra cosa, que normalmente es la comida. O que deje atrás un comportamiento restrictivo con la comida y empiece con atracones de comida.

Creemos que al terminar con esa conducta terminaremos con el problema, pero casi siempre la autodestrucción mutará hacia otro comportamiento. Estas conductas son diferentes expresiones del mismo problema: la emoción reprimida que pide ser atendida. Es decir, son diferentes camuflajes del mismo camaleón. El quid de la cuestión es traspasar de una vez por todas esas emociones reprimidas en nuestro cuerpo que de pequeñxs no supimos cómo vivenciar, y que ahora nos generan un malestar que no sabemos cómo calmar.

Tenemos que dejar de ver la autodestrucción como algo malo o desagradable, sino seguiremos en esta lucha perdida contra lo que el cuerpo nos quiere decir. Rindámonos al cuerpo, escuchemos lo que nos quiere decir. Contactemos con la emoción (o emociones).

¿Cómo lo puedo hacer?

Estas recomendaciones son en base a lo que he observado a lo largo de 10 años de mutaciones de comportamientos autodestructivos.

Para cambiar un comportamiento autodestructivo, lo que tenemos que hacer es no intentar cambiar ese comportamiento. Aunque parezca contradictorio. Intentar cambiar nuestro comportamiento sólo va a complicar más las cosas, porque vamos a perder el foco, nos vamos a enredar con el ego. Que sí, que realizar ese acto autodestructivo nos genera malestar, y no lo queremos hacer, y sentimos impotencia porque no lo podemos cambiar. ¡Pero el problema no es eso!

El camino para cambiar es reconectar con nosotrxs, sentir esa emoción. Sí, esa que no queremos sentir. Esa que no sabemos ni que está ahí. A mi me ha ayudado muchísimo pasar por El Proceso de la Presencia, de Michael Brown. Pero si necesitas acompañamiento, te recomiendo acudir a una terapia de liberación emocional a través del movimiento. Recomiendo a Núria porque su trabajo consiste en ir hacia la emoción y expresarla. Y su acompañamiento en la sesión es muy cuidado.

Y algo que siempre viene bien es bailar o mover el cuerpo (pero que no sea bajo los efectos del alcohol). Pon la música que te guste y empieza a bailar o a moverte como unx locx. Suelta y libera, lo que sea y lo que salga. Grita, salta, ríe a carcajadas. Llora si quieres, golpea un cojín. ¡Lo que te salga! Es tu momento, haz lo que te pida el cuerpo. Como si es hacer la croqueta.

Y lo que no podía faltar en estas recomendaciones: meditar. Al dedicarte un rato cada día para estar contigo, poco a poco vas aprendiendo a convivir con tus pensamientos y emociones, y esto aporta mayor claridad mental y calma a tu vida.

¡Ánimo, compañerx! Estamos todxs en esto

No estamos solxs, hay muchísimas personas que estamos igual. Creo que es importante contar lo que nos pasa, porque creo que es algo mucho más común de lo que pensamos, y muchxs lo vivimos en secreto creyendo que sólo nos pasa a nosotrxs, y nos avergonzamos por ello.

Me han quedado muchísimas cosas en el tintero para que el artículo no fuera demasiado extenso, por lo que creo que en breves vendrá una segunda parte. Si has llegado hasta aquí, quiero agradecer tu paciencia y tu interés en mis artículos. Sin ti nada de esto tendría sentido.

Quiero terminar citando unas palabras de la introducción del poema «Cadencia y candencia»: “Ya está bien de mostrarnos fuertes y «perfectas», eso no existe. Démosle cabida a la vulnerabilidad, a la compasión, a la comprensión, y a la solidaridad.”


[1] Wikipedia: Autolesión
[2] Wikipedia: Tendencia autodestructiva
[3] Mujer Alquimia: autosabotaje

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