Viviendo en el Cuerpo - Desgranando el tiempo

Desgranando el tiempo

¿Sientes que te faltan horas al día para hacer todo lo que quieres? ¿Te ves andando rápido o haciendo todo rápido para “tener más tiempo” y hacer más cosas? Hoy quiero invitaros a reflexionar sobre el Tiempo, actualmente el “bien” más valioso pero, paradójicamente, creo que el gran ignorado.

Hoy en día (y desde hace tiempo) vivimos inmersos en una vorágine en la que nos pasamos el día corriendo para hacer todo lo que debemos y queremos hacer. Nos pasan las horas, los días y las semanas cumpliendo obligaciones y nos damos cuenta de que nuestro tiempo libre es muy limitado, que necesitaríamos que el día tuviese más horas. Esta sensación de necesitar más tiempo nos empuja a realizar las cosas más rápido, debido a la creencia inconsciente de que así terminaremos antes y podremos hacer más cosas. Y esto nos hace enfermar, aunque todo el mundo lo haya normalizado y comúnmente se le llame estrés.

Este afán de tener/necesitar más tiempo para hacer más de todo nos viene impuesto en gran medida porque, por regla general, la sociedad apremia a los más rápidos y a los que tienen más (estudios, inteligencia, dinero, a los más productivos…). Siempre más y más y más. Y sino lo que pasa es que no somos suficiente: no tenemos suficientes estudios, no soy suficiente inteligente, no soy suficiente productivx, no tengo un trabajo suficientemente bueno… Al final este afán por el tiempo y la velocidad se distorsionan y se convierten en aspectos o cualidades personales que nos cuestionan todo el ser, cuando en realidad son exigencias de la sociedad, es más, son exigencias del sistema (capitalista, claro está).

Otra consecuencia de esta velocidad es que estamos constantemente buscando atajos o soluciones para hacerlo todo más rápido. Nos hemos olvidado que la naturaleza tiene sus tiempos, el cuerpo y la mente tienen sus ritmos… Queremos leer todos los whatsapps e instagrams en 5 minutos para no “perder tiempo”, y realmente la mente no entiende ni retiene lo que debería (y si lo intentase nos colapsaríamos, tenemos demasiada información a nuestra disposición a cada momento. Además de que muchas veces lo leemos para pasar el rato, por no vivir, más que para informarnos realmente). Si queremos hacer deporte, antes de empezar ya queremos tener el hábito, y en una semana ya queremos notar los efectos. Queremos comer sano pero queremos la receta mágica para cambiar de la noche a la mañana. Queremos aprender algo nuevo y a la primera complicación ya tiramos la toalla. No, así no funciona la naturaleza, todo surge, se aprende o se interioriza a su debido tiempo. Hacer las cosas rápido no nos permite profundizar en nada, lo hacemos todo de forma superficial.

Pero, ¿qué es el tiempo? Encuentro muy interesante el repaso histórico que realiza Carl Honoré sobre el tiempo y la aparición de formas de medir el tiempo en su libro Elogio de la Lentitud, si lo queréis leer está aquí (no os tomará mucho TIEMPO jejeje, sólo tiene 20 páginas). El caso revelador de la instalación de un reloj mecánico en la ciudad alemana de Colonia en 1370 para que los ciudadanos supieran la hora de empezar a trabajar y la hora de terminar, y para controlar que sólo tuvieran una hora para comer, nos da pistas sobre la potente influencia que tiene el tiempo (o el reloj) sobre nosotrxs, y que no siempre ha sido así. Ahora nos parece esencial, ¡SOS, sin reloj no se puede vivir! La expresión “el tiempo es oro” no ha existido toda la vida, sino que la acuñó Benjamin Franklin el 1748. La disciplina de la puntualidad la crearon empresarixs para lxs trabajadorxs como un deber cívico y una virtud moral. Qué curioso. ¿Cómo sería la vida antes de la instalación de todas estas cosas que ahora vemos tan normales? Aunque discrepo en algunas de las cosas que comenta Honoré en su pequeño libro, creo que aporta mucho conocimiento histórico interesante de conocer para cuestionarnos ciertos valores que actualmente percibimos como «la realidad» o «la verdad».

Aunque yo quiero ir más allá. ¿Para qué queremos hacer todas esas cosas, y además tan rápido? Probablemente para obtener algo en el futuro. Pero, ¿el futuro existe? No. Y antes de empezar con los “sí pero…” permíteme continuar con la reflexión. Si ahora mismo tienes tiempo (madre mía con el tiempo, ¿eh?) te invito a realizar una pequeña reflexión-meditación. Si lo dejas para más tarde probablemente es porque estás leyendo este texto rápido y de forma superficial porque tienes muchas cosas que hacer. Te invito a escuchar tus pensamientos durante 5 minutos. Sólo 5 minutos de los 1440 minutos que tiene el día. Dedícate estos minutos a ti mismx. Si estás en un sitio ruidoso ponte unos cascos o enciérrate en un baño. Si estás en casa perfecto. Siéntate cómodamente, que no te incomode nada de tu cuerpo. Ponte una alarma a los 5 minutos si quieres. Cierra los ojos, relájate y presta atención a tu respiración. Fíjate en cómo se mueven tu abdomen y tu pecho. También puedes fijarte en cómo entra y sale el aire por tus fosas nasales. Durante estos 5 minutos sólo tienes que hacer esto, observar. Pero va a pasar una cosa, es inevitable, tus pensamientos acudirán a tu mente. Intentarán desviarte de tu intención. Probablemente vengan a tu mente quehaceres futuros, recuerdos del día, recuerdos de vete a saber cuando, te vendrá a la mente esa situación que has vivido a la mañana con fulanito de tal… Si te das cuenta de ellos, pasa de ellos, observa los pensamientos como si fuesen nubes y vuelve a fijar tu atención en la respiración.

Una vez hayas hecho el ejercicio, dime, ¿qué pensamientos han venido a tu mente? Cosas del futuro, pasado… Después de este ejercicio espero que veas claramente que mientras estabas pensando en esas cosas del futuro o del pasado, no estabas en el presente. Eso es lo que nos suele pasar cuando «hacemos cosas», que aunque estemos haciendo algo realmente no estamos ahí, no estamos en el momento presente presenciando lo que estamos haciendo.

Y si no estás en el presente, ¿dónde estás viviendo? Encerradx en tu mente, enredadx con tu ego. Pasado y futuro no existen, el pasado ya pasó, y el futuro no sabemos si pasará, lo único que tenemos es el presente. Está claro que también tenemos que pensar un poco en el futuro para saber hacia dónde queremos ir, pero lo que está más claro aún es que mientras caminamos en esa dirección parece que no nos estamos dando cuenta del viaje. Por esto al principio del artículo decía que realmente el tiempo es el gran ignorado, porque vamos corriendo para hacer todo rápido, para «aprovechar el tiempo», pero no le prestamos el 100% de atención a lo que hacemos y lo hacemos con la cabeza llena de pensamientos del pasado o del futuro, sin disfrutar lo que hacemos en el presente.

Hasta aquí supongo que todxs o casi todxs habíamos llegado a esta conclusión. Ahora viene lo difícil, tomar medidas: vivir el presente. Pero vivir el presente no es pasarse el día haciendo cosas guais que vas a querer recordar toda la vida, eso es muy capitalista. Vivir en el presente no es un “sí, mañana mismo voy a cambiar cosas de mi día a día”. No. Es AHORA, sino estás cayendo en tu propia trampa. Vivir el presente es sentir, a nivel sensitivo, a nivel emocional y a nivel de pensamiento, lo que estamos haciendo ahora mismo. Y si lo que estamos haciendo AHORA MISMO EN ESTE PRECI(O)SO INSTANTE no nos llena, o no nos hace estar alegres o sentir satisfechos, tenemos que replantearnos algo. El tiempo lo gestionamos desde la cabeza, pero el presente se vive desde el cuerpo y la mente sólo lo acompaña.

El sistema capitalista nos quiere consumistxs, productivxs, corriendo arriba y abajo para hacer más y tener más. Tampoco quiere que tengamos tiempo para cuestionarnos todo esto, quiere que nuestras preocupaciones sean tener y ganar más. Por este motivo, el mero hecho de vivir en el presente ya es una resistencia contra el sistema capitalista. Tal y como dice mi compañera Enara de Viviendo en Cíclico, «Considera que todo aquello que no atiende a la lógica productivista (tanto hago, tanto soy) es hacer resistencia.»

Y como siempre, para quien le interese, os comparto qué herramientas me están ayudando a estar más en el presente: meditar. Meditar me ayuda a calmar la mente, a reducir el flujo de pensamientos, a identificar esos pensamientos del futuro o del pasado y decirles a cada uno, con una sonrisa, “gracias pero ahora es mi turno, pesadito”. Eso implica tener el hábito de meditar cada día. Es fácil hacerlo si vives en el presente, pero es muy difícil hacerlo si vives en el tiempo y priorizas los quehaceres o obligaciones futuros. Siempre será mejor 5 minutos que nada, ¡¡¡sieeempre!!! Y 5 minutos los tenemos todxs. Y para que el cambio sea más revelador, recomiendo incorporar el hábito de meditar con el libro del Proceso de la Presencia (sí, soy una pesada con este libro, pero la forma que tiene Michael Brown de entender la esencia de la vida me ha marcado un antes y un después).

Espero que todo esto le sirva a alguien para, por lo menos, frenar un poco el frenético ritmo de vida que llevamos hoy en día y ganar en salud y plenitud vital. Y mi mayor deseo sería que cuantas más personas se replanteen esto para poder frenar el mundo y construir una realidad alternativa donde la vida y la presencia de las personas tenga un papel central.

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