Portada » Aprendiendo a escuchar la voz del cuerpo » El placer

Viviendo en el cuerpo. El placer, cómo vivir el placer en el cuerpo
Momento de gozo y presencia total en el Salar de Uyuni, Bolivia (2015).

El placer

Algo que estoy redefiniendo en estos últimos tiempos es el placer. Pero no lo estoy redefiniendo desde la mente, sino que lo está haciendo mi cuerpo. Y no me refiero al placer relacionado con el sexo, me refiero al PLACER con mayúsculas, el placer de vivir según qué momentos/acciones/situaciones.

Voy a intentar explicarlo con palabras, aunque estoy segura que va a ser complicado transmitirle a tu cuerpo las sensaciones del mío, ya que se trata de algo muy vivencial. Y luego, que del cuerpo pase a la mente. Ya ves, ¡es complicado!

¿Cómo defines el placer en tu cuerpo?

Voy a empezar con una pregunta: ¿Cómo sabes que algo te da placer? ¿Cómo defines el sentir placer en tu cuerpo? Tómate unos segundos para contestar, así a lo mejor hablaremos el mismo lenguaje.

Allá voy con mi respuesta: En mi cuerpo, yo lo defino como una sensación generalizada que paraliza el tiempo y se expande por todas las células, y que enciende algo en mi pecho que hace que empiecen a vibrar cosas. Y muy a menudo esas vibraciones se extienden hasta las extremidades, otras veces me erizan el vello de todo el cuerpo, y otras veces me obligan a moverme o a emitir algún sonido. Una pasada.

La danza del placer

Muchísimas veces me pasa con la música: según qué canción suena, despierta algo en mi que hace que se pare el tiempo, me siento totalmente en el aquí y el ahora, y siento también las notas de los instrumentos vibrando en determinadas partes de mi cuerpo, como si el LA vibrara en el esternón, el SOL en el centro del pecho, y el FA en la boca del estómago. Y luego se me hace un nudo en la garganta y me entran ganas de reír o de llorar, y luego necesito mover las piernas, la cabeza y la cadera al ritmo de la música, ¡porque no puedo quedarme quieta! Y empiezo a gozarla y me doy cuenta de lo maravillosa que es la vida.

Otras veces me pasa estando en la naturaleza: según cómo el sol ilumina las hojas de los árboles, o según la melodía del canto de los pájaros, o según los colores del pintoresco cuadro de la Madre Naturaleza, empieza a subirme un cosquilleo por todo el cuerpo, una emoción, que otra vez hace que se pare el tiempo, y me siento la persona más afortunada del mundo en este preci(o)so instante, en profunda conexión y sintonía con la abundancia y belleza de la naturaleza, con una sensación de gozo y placer que no quiero que termine nunca. A veces esta emoción me sube hasta las fosas nasales, generándome un extraño cosquilleo que origina lágrimas en mis ojos.

Otras veces me pasa con lxs amigxs, en ese preciso instante en el que todo está fluyendo libremente, sin prejuicios, ni creencias, ni limitaciones; las risas y las palabras respetuosas salen sin encontrar barreras, la libre expresión se adueña de nuestras vidas y nuestros cuerpos pueden manifestarse como cuando éramos niñxs. En estos casos siento un amor tan grande en el pecho que parece que no pueda caber ahí, que me esculpe una gran sonrisa en los labios y me hace sentir tan liviana que me creo capaz volar. Y otra vez me siento la persona más afortunada del mundo en este preci(o)so instante, en interrelación con lxs otrxs.

Ecuanimidad e impermanencia

Debo reconocer que esta intensidad a veces me abruma, ¡pero es tan mágica! Si esto es vivir, ¡que viva la vida!

Pero en la vida no todo es placer, y es ahí donde estoy trabajando actualmente. Porque esta intensidad no sólo la vivo con el placer y la alegría, sino también con el resto de emociones. Y ya te avanzo que vivir la tristesa con esta intensidad corporal es algo difícil de abrazar y traspasar. Pero estoy en ello, y poco a poco voy encarnando los conceptos de ecuanimidad e impermanencia, y poco a poco puedo danzar un baile más harmónico con la tristeza.

Placer cada día de mi vida

Cada día intento hacer por lo menos una cosa que me proporcione placer, pero este tipo de placer carnal/corporal, no un placer de sedación del tipo «tomarme una cerveza» o «sentarme en el sofá para ver una peli guay». Placer de verdad. Placer que lo disfrutan todas las células del cuerpo, placer que hace destellar un impulso eléctrico dentro de mi. Estos momentos me hacen sentir tan viva, que no los cambio por nada del mundo.

Ésta es la redefinición que mi cuerpo está haciendo del placer, y que hace que esté enamorada de la vida. ¡Por muchos más momentos de placer!


*Aquí tienes un artículo más completo sobre las emociones.

*Aquí tienes un par de poemas sobre las emociones: Cadencia y candencia, y Siento el latido de mi útero.

*Y te recomiendo el libro Nacidas para el placer de Mireia Darder, un ensayo feminista que pone sobre la mesa la falta de deseo conectado con el cuerpo que vive esta sociedad, sobretodo en el caso de las mujeres.

Comparte, ayúdame a plantar semillas:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *