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El camino del yoga es el camino de la escucha del cuerpo, de estar en el presente con conciencia plena. Classes hatha ioga. Clases hatha yoga La Seu d'Urgell.

Escuchar al cuerpo me ha llevado al yoga

Con el nuevo año y el comienzo de las clases de Hatha Yoga que imparto en La Seu d’Urgell, siento que os debo una presentación un poco más formal. Así pues, en el artículo de hoy voy a hablar un poquito de mí.

Me gusta mirar atrás y comprender que todas las pequeñas decisiones que tomé en los últimos años, que en ese momento parecían ser aisladas y sin conexión alguna, en realidad todas iban dibujando el mismo camino. Y me alegra percatarme, también, que todas esas decisiones las tomé siempre desde la curiosidad y la ingenuidad, sin pensar en resultados ni hacia dónde quería ir.

Pasión por la alimentación

Como ya conté en los primeros artículos del blog, todo empezó en ese viaje en el que dormí unas 12 horas cada día. A raíz de ese viaje, me di cuenta de lo desconectada que estaba del presente y de mi cuerpo, y que siempre estaba en la cabeza y con el cuerpo tensado.

Un par de meses después de ese viaje, una conocida muy cercana me habló sobre un curso de alimentación vegetariana para «vegetarianos muy verdes». Yo no me consideraba una vegetariana muy verde. Pero el curso, que tenía una duración de 10 meses, me llamaba mucho la atención, y me apunté. Descubrí que la cocina me apasionaba, aprendí a nutrirme de verdad, a combinar los alimentos, y a desarrollar la creatividad en la cocina.

Y mi alimentación empezó a ir más allá del veganismo. Fue hacia una alimentación real, con alimentos de verdad, sin procesados.

El ritual de mover el cuerpo

En esa época algo volvió a despertar en mí las ganas de hacer yoga. Había probado varias veces pero lxs profesorxs nunca me convencían del todo, excepto la primera profesora que tuve en 2009. Aún recuerdo con nostalgia sus maravillosas visualizaciones en las que mi cuerpo se convertía en luz.

Esa última vez la profesora tampoco terminó de convencerme, y acabé haciendo Power Yoga en casa siguiendo un canal de YouTube (ahora me río con lo de Power Yoga, pero fue un paso más en mi camino). Con la práctica asidua el cuerpo va cediendo y se va flexibilizando, y me generaba tanto placer «acudir» a mis clases de yoga, y me sentía tan bien, que los tres días semanales de yoga se convirtieron en algo prioritario e innegociable.

El florecer de las emociones

Al terminar el curso de alimentación vegetariana me apunté al Máster en cocina vegetariana 70% crudo de Ana Moreno. Al aprender de alimentación y de los efectos de lo que comemos en el cuerpo, empecé una depuración de una semana, en la que no bebí ni una cerveza. Y me dí cuenta del uso que inconscientemente le estaba dando al alcohol. ¡Me daba vergüenza bailar en un concierto! ¡Me sentía observada y juzgada! Me sorprendí mucho. Me dí cuenta de cómo evadía las emociones con el alcohol.

Así pues, dejé de consumir alcohol. Ni una cerveza un viernes a la noche. Y al no beber alcohol sentí cómo, de repente, las emociones me abrumaban. No sabía vivir la tristeza, ni la ira. No las identificaba. Sólo sentía inquietud. Una inquietud que me agobiaba mucho y no sabía cómo acallar. Así fue como decidí aprender a vivir las emociones.

Parar para volver a empezar

Ese año decidí dejar el trabajo, no me sentía realizada. Sentía que la vida se esfumaba ante mis ojos, pasando 8 horas delante de un ordenador en una triste oficina donde no me dejaban desarrollar la creatividad. Sentía que me cortaban las alas, que me estaban matando en vida (a lo mejor puede parecer exagerado, pero realmente sentía eso).

Empecé un tiempo sabático. Un tiempo que lo dediqué exclusivamente a mí, a hacer lo que me apetecía hacer. Pero, paradójicamente a lo que podría parecer un maravilloso año repleto de envidiosas aventuras, iba alternando bonitas aventuras con insistentes debates conmigo misma en cuanto a lo que debería hacer. Muchas veces me sorprendía a mí misma diciéndome que no estaba haciendo nada de provecho, que a qué me dedicaría cuando volviese a «trabajar», que estaba perdida, que no sabía hacia dónde dirigir mi vida.

Prestando más atención al presente

En esa época una conocida muy cercana me recomendó el libro El proceso de la presencia de Michael Brown, un libro que propone un proceso de 10 semanas para conectar con la conciencia del instante presente. Sentí que debía leer ese libro, algo que hablaba sobre la presencia y un proceso para llegar a ella, ¡sólo podía ser bueno!

Al leerlo, la concepción que tenía sobre el mundo y la realidad me dio un vuelco. Empecé a aprender a identificar las emociones, esas emociones profundas que no sabemos que tenemos. Empecé a hacer regresiones emocionales, identificando los patrones que repetimos continuamente creyendo que «nos pasan cosas». Con todo esto adquirí el hábito de la meditación, tomando conciencia de la respiración. Me calmaba mucho, me conectaba con el presente, y me sentía muy viva.

«Para un yogui, el cuerpo es su laboratorio perpetuo de experimentación e investigación.» B.K.S. Iyengar

La primera conexión real con el yoga

Al terminar el libro de M.Brown, en casa de mi madre encontré (o me encontró) un libro de yoga de Ricard Rotllán. Se titulaba El libro práctico del yoga, y en él, además de explicar las bases del yoga y algunas posturas básicas, proponía un proceso de aprendizaje del yoga de 6 meses (como mínimo). Así pues, me puse manos a la obra, superando mi ego y empezando desde cero otra vez.

Sí, empecé a hacer yoga de verdad leyendo un libro. ¡Y cómo aprendí! Aprendí de mi cuerpo, de mis límites, respetando la respiración en cada postura. Aprendí a amar la lentitud, la presencia, la consciencia de mi cuerpo. Aprendí a encontrar la belleza en el Surya Namaskar, sintiendo cada postura como si fuese la primera vez que la hacía.

«El cuerpo es la institución, el maestro está dentro.» B.K.S. Iyengar

En este punto de mi «viaje personal» ya llevaba una alimentación vegana consciente, sin procesados, respetaba los horarios del cuerpo y las horas de sueño, hacía yoga y meditaba cada día, y prestaba atención al momento presente. Ya no tenía que pensar en «hacer» estos hábitos, sino que se convirtió en mi forma de vivir.

Una forma de vivir que sigo hasta hoy en día, conectada cada vez más con mi cuerpo, que me permite identificar cuando estoy demasiado “ahí arriba”, en la mente, sin enfadarme tanto conmigo misma.

Profundización en el yoga

Más adelante sentí el llamado de especializarme más en el yoga. Una amiga profesora de yoga me recomendó muy fuertemente que hiciese la Yoga Training Teacher de Andrei Ram, un gran maestro del Hatha Raja Yoga. Y qué bien que la escuché y le hice caso. La pasión de Andrei me caló hondo, muy hondo. Su sabiduría me sorprendió.

Aprendí muchísimo: a identificar el ego en mi autopráctica, a encontrar la pasión ahí donde parece que solo hay quietud, a fluir y danzar en mi práctica de yoga junto con la respiración. Descubrí y me enamoré del Yoga Nidra. Sentí más fuerte que nunca que ese era mi camino. Pero, ¡también me di cuenta que me quedaba taaaaanto camino por recorrer!

La vida es el camino, no hay una meta

Y aquí estoy, con este camino andado, y todo el camino que aún me queda por andar.

Disfrutando de cada plato de comida colorido y vivo que pongo en la mesa y que nutre cada célula de mi cuerpo. Disfrutando del sueño reparador y de los sueños que me deparan cada noche.

Disfrutando de las meditaciones, ese momento de encuentro conmigo misma, con mi cuerpo y con mi respiración. Ese momento en el que observo mis pensamientos, mi ego, mis emociones, mi energía, y en el que a veces me siento tan viva, tan animal, que siento que es un hermoso regalo que me da la vida.

Disfrutando cada día del yoga, sintiendo cada postura como si fuese la primera vez que la hago, expandiendo mi cuerpo en cada inhalación y elongándolo en cada exhalación. Sintiendo mis músculos cómo se estiran suavemente, sintiendo el presente en mi cuerpo. Disfrutando de la respiración sutil, larga y profunda que oxigena mi cuerpo y mis células, y me masajea por dentro.

Disfrutando y sintiendo la danza que las emociones bailan dentro de mi cuerpo, sintiendo cómo su energía vibra en cada célula de mi cuerpo, y observándolas sin enjuiciar.

Me siento en pleno proceso de conocimiento y transformación personal. Un proceso que me parece extremadamente bello, aunque no haya sido ni sea fácil ni ligero. Y en este largo andar, que me ha costado resumir en unos párrafos, identifico los 5 principios del camino hacia la paz interior que menciona el camino del yoga: alimentación de verdad, respiración, relajación, ejercicio, y meditación.

Mirando atrás todo tiene sentido

Es ahora cuando miro atrás y lo entiendo todo. He emprendido el camino del yoga, el camino hacia el autoconocimiento y el crecimiento interior para llegar al estado de ser de unión con el todo. Para llegar a sentirme vida. A sentirme amor.

Con este artículo, además de presentarme, también quiero animar a no menospreciar lo que estemos haciendo, ni tampoco magnificarlo. Simplemente hagamos lo que en ese momento queramos hacer, disfrutándolo lo mejor que podamos. A lo mejor en el mismo momento no lo veremos, pero más adelante entenderemos el porqué de todo.

Es tan bello mirar atrás y darse cuenta de cómo han ido transformándose las cosas. Esas pequeñas decisiones, esos pequeños cambios son los que van dibujando el camino de nuestra vida.

Te abrazo muy fuerte.

Senda.

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