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Sentir la energía de las emociones. No hay emociones buenas ni malas. Gestión emocional. Dejar que las emociones nos traspasen.
Cuadro de Andreas Achenbach, del cual ignoro su título, pero me gustaría titular "Mar de emociones". Imagen de David Mark en Pixabay.

La energía de las emociones

Andando en mi camino de vivir más en el cuerpo, es decir, de no vivir de forma automática atendiendo solo a la mente y de volver a prestarle atención al cuerpo, sintiéndolo vivo, armónico y en movimiento, empecé a sentir más cosas, una de las cuales son las emociones. No estoy hablando solo de sentir tristeza cuando te dan una mala noticia o alegría cuando te pasa algo bonito, estoy hablando de algo más profundo, de sentir la energía de las emociones como si fuese un impulso eléctrico recorriendo el cuerpo. Al final la emoción es esto, energía en movimiento, y la palabra emoción es una abreviatura.

Cuando dejamos de ver las emociones como algo bueno o malo que nos pasa, y pasamos a verlas como energía que se mueve dentro de nuestro cuerpo porque algo externo (en realidad es la interpretación que nuestra mente hace de eso externo) las ha disparado, entonces aprendemos a convivir con ellas. Es decir, aprendemos a «digerirlas», empezamos a entender qué nos quieren decir (aunque es difícil después de estar tanto tiempo sin atenderlas), y dejan de ser una amenaza (las que se consideran negativas e intentamos evitar).

La importancia del entorno-sistema en las emociones

De pequeñxs, tanto las madres/padres como lxs profesores y la sociedad en general nos enseñan, aunque no de forma conscientemente directa, que las cosas que generan dolor se tienen que evitar. Nos dicen que no lloremos, no nos sintamos tristes, no nos enfademos, que no gritemos, no tiremos las cosas al suelo, no tengamos miedo… Vamos, que no podemos manifestar la ira, el dolor, el miedo ni la tristeza.

Aprendemos que son emociones malas o negativas y que las tenemos que evitar, y si aparecen las percibimos como una amenaza, como que algo malo que nos está pasando. Y esta creencia inconsciente que tenemos tan profundamente anclada la vamos arrastrando toda la vida, y sin ser conscientes de ello evitamos situaciones «para que no nos hagan daño», o porque nos da miedo lo que pueda pasar, o nos bloqueamos en situaciones aunque las consideremos injustas.

Pero toda esta emoción estancada o bloqueada se va haciendo una bola que nos genera malestares, y tarde o temprano tiene que estallar. Realizamos muchos actos para evadir (no sentir) estas emociones, como trabajar mucho, no saber estar sin hacer ‘nada’, salir de fiesta, beber alcohol, tomar drogas, la ludopatía, ir de compras, faltar el respeto al prójimo, etc. Escribiré un artículo sobre la evasión de las emociones porque es interesantísimo. Sinceramente, empecé a sentir las emociones de este modo cuando dejé de beber alcohol, y nunca he sido una alcohólica, considero que era una bebedora dentro de los límites normales y aceptados por la sociedad actual, es decir, bebía los fines de semana o cuando quedaba con alguien para «tomar algo».

Ovillo de emociones, juicios y creencias

Otra cosa que aprendí es que tenemos un lío monumental de pensamientos en nuestra mente, ya que la mayoría de las veces ante una situación se nos aparecen mezcladas las emociones, los juicios, las creencias, las ideas preconcebidas, los recuerdos… Y al acecharnos todos estos pensamientos a la vez terminamos reaccionando ante la situación, normalmente con ese patrón aprendido desde que éramos pequeñxs, en lugar de responder a la misma, viendo o percibiendo la situación desde un presente sereno, sin juicios ni interpretaciones.

Reaprender a atender las emociones es una tarea para nada sencilla y de la que no hay muchas enseñanzas ni literatura, además que el lenguaje emocional de cada cuerpo es único. Ese relámpago eléctrico que te recorre el cuerpo cuando pasa eso, para ti tendrá un significado emocional con una historia propia y unos juicios y creencias también propios que te despiertan esa emoción en concreto; pero otra persona vivirá una sensación totalmente diferente a la tuya ante esa situación o con esa emoción.

Pero está claro que hay algo en común en todas las personas: sentimos emociones y esas emociones nos dicen algo. La dificultad de todo esto está en hacerles caso y entender qué nos quieren decir.

Ejercicio para sentir las emociones

Un ejercicio sencillo para sentir la energía de las emociones en el cuerpo es ponerte una canción que ahora mismo te guste mucho muchísimo o signifique mucho para ti. Tienes que escoger esa canción que cuando la oyes te genera un cosquilleo en el pecho o tripa. Pon la canción muy fuerte, y déjate sentir eso que empieza a nacer en tu pecho, tu abdomen, tu útero, o donde sea. Cierra los ojos. Siéntelo, fuerte, sin reprimirte nada. Si quieres mueve el cuerpo, o las manos, o la cabeza, o todo, o nada. Deja que los movimientos nazcan de esa emoción que está vibrando dentro de ti. Puede ser que te vengan ganas de saltar, o ganas de reír, o ganas de llorar, o ganas de dar unos puñetazos a un cojín. Sea lo que sea está bien, es algo que tiene que salir, es algo que tienes que traspasar.

Es un ejercicio que me encanta hacer. Las primeras veces me sorprendí porque me caían lágrimas de los ojos, pero a la vez estaba disfrutando de sentir esa emoción con esa canción, era entre alegría y pena, era como un «gracias por estar sintiendo esto».

El agua para trabajar las emociones

El elemento agua se asocia con las emociones porque, tal y como menciona Michael Brown en El Proceso de la Presencia, «si existe una energía en movimiento evidente en la naturaleza es la de los líquidos que se mueven constantemente», como el mar, los ríos, el agua subterránea, etc. Somos un 65-75% agua, y al igual que la luna afecta a las mareas, también afecta a nuestra agua y emociones, participando en el baile natural que danza dentro de nuestro cuerpo, junto con las hormonas y demás. ¿Por qué no vemos esta danza como algo hermoso?

Trabajar las emociones simbólicamente con el agua, por ejemplo tomando una ducha o bañarse en el río notando cómo el agua se lleva esa energía, o meditar observando el mar y notando cómo nuestra energía emocional interna se suma a la suya, es algo muy bonito. Luego cada uno puede ponerle una intención, por ejemplo «mar, acompáñame en el sentir de ese dolor», y meditar dejándose sentir ese dolor, sintiéndote acompañadx y ayudadx por el mar, y observando qué cambios genera en tu cuerpo y tu mente.

Energía que viene de las entrañas

Y para terminar, y ya que estamos hablando de energía, hoy me apetece muchísimo compartir con vosotrxs esta canción, que me motiva mucho, me despierta mucha energía en el cuerpo, me hace sentir libre, y ¡¡las artistazas que la representan son la hostia!! Así que ya sabes, «canta, saca las tripas, engorda, ensancha, ocupa espacios que te daban vergüenza», y ¡re-aprópiate de tu cuerpo!

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