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La importancia de la palabra y los silencios. No solo hay comunicación en la palabra
Mujer indígena y guacamayo, loro típico la zona tropical sudamericana (y que tuve la suerte de conocer en mi voluntariado en la amazonía ecuatoriana). Imagen de Romina veliz en Unsplash.

Las palabras y el silencio

Los seres vivos no humanos son, están, dan y reciben, comen, juegan, viven… sin hablar por los codos-patas.

Nosotros nos pasamos el día abriendo el pico, hablando de lo que tenemos, de lo que queremos, de lo que sabemos hacer, de lo que tu no tienes, de lo que te quiero convencer, que no tienes razón… Pero sin hablar de lo que sentimos, lo que nos importa, lo que se nos mueve por dentro y, sobretodo, sin silencio(s).

Silencio incómodo

Cuando en una conversación aparece un silencio rápidamente nos incomodamos, «¡No puede ser que nos hayamos quedado sin conversación! Corre, di algo», o bien «Qué aburrida es esta persona, tengo que sacar yo todos los temas de conversación», o mil cosas más que nos puede decir nuestro ego. Parece que sólo nos podemos relacionar hablando.

Las personas «calladas» están menospreciadas y mal consideradas. Se les suele poner etiquetas como tímida, introvertida, calladita, introspectiva, ensimismada, sosa, aburrida… Y la gente que no cierra la boca parece que es interesante, carismática, extrovertida, abierta, guay… aunque no comparta nada de valor. ¿Por qué se valora tan positivamente a una persona que habla más? ¿Será que hemos venido a la Tierra a hablar? ¿Es esta nuestra misión de vida? Por supuesto que no.

¿Por qué no nos gustan los silencios?

El silencio, entendido como la ausencia de palabras, es un tesoro. Nos ayuda a ir hacia nuestro interior, hacia nuestras sensaciones, y nos permite autoobservarnos. El silencio nos invita a contemplar el Presente, a conectarnos en el aquí y el Ahora. Esto es muy fácil cuando estamos solos (por lo menos para algunxs). Pero, ¿por qué nos cuesta tanto cuando estamos con más personas? Me arriesgaría a decir que es por el miedo al juicio. Sí, es el miedo que tiene nuestro ego de lo que pueda pensar la otra persona de nosotrxs, porque claro, no-hablar está mal valorado. ¿Qué opinas tú?

Estas «normas» son nuestras, es decir, son creencias que nos hemos inventado los humanos. ¡Podemos saltárnoslas! Pero hay otra pregunta sobre la que también me gustaría reflexionar.

¿Por qué no hablamos de lo que nos pasa o nos importa?

Podemos hablar de lo bien que fue el partido ayer, de esa anécdota tan graciosa que vi en la tele, de lo injusta que es la situación actual… Pero, ¿y nuestros sentimientos? ¿Y eso que ahora mismo me está preocupando tanto que no me deja dormir tranquila por la noche? ¿Y ese problema que tengo con la ansiedad? ¿Por qué no lo contamos? Pues, otra vez, porque tenemos miedo a ser juzgados y rechazados por eso que nos pasa o que sentimos.

¡Pues qué bien! Si no puedo estar en silencio por miedo a lo que piense el otrx, y no puedo hablar de mis sentimientos por el rechazo que puedo recibir de los demás, ¿qué gracia tiene hablar? Ah sí, claro, porque hablar está bien considerado… Un poco absurdo todo, ¿no?

Quiero recordar(me) que, cuando algo nos preocupa o si estamos un poco bajos de ánimos, el simple hecho de hablar sobre ello con otra persona hace que esa «pelota» se deshinche un poco. No necesitamos que nadie nos solucione la vida, simplemente necesitamos comunicar eso que se regodea en nuestra mente, y por el mero hecho de sacarlo fuera, pierde fuerza.

Hablar desde la mente o desde el corazón

Cuando hablamos, y sobretodo en esos monólogos verborreicos, normalmente estamos en la mente, no estamos en el cuerpo ni en el presente. Cuando estamos en la mente estamos en el pasado o en el futuro, en las creencias, juicios, preocupaciones, quejas… Normalmente, cuando hablamos desde la mente rara vez somos conscientes de lo que está pasando a nuestro alrededor (porque no estamos en el Presente), y nos perdemos el Ahora.

Pero también podemos hablar desde el cuerpo, desde el corazón, y entonces hablamos de otro modo: de una forma más pausada, el tono de voz es un poco más agudo, y nos damos el permiso para encontrar las palabras adecuadas que reflejen exactamente eso que queremos comunicar. Y lo comunicamos con una pasión que nos ilumina los ojos. También miramos a los ojos a la persona receptora, y somos capaces contemplar y apreciar lo que nos rodea, las expresiones del oientx, los pájaros, la luz… porque estamos en el Presente, en el Ahora.

Lo incómodo del silencio

Llevamos demasiado tiempo viviendo ahí arriba, usando únicamente la mente racional para relacionarnos con lo de afuera, e identificándonos con nuestros productos mentales (pensamientos, juicios, creencias y demás). Desconocemos nuestro mundo interior, el mundo de las sensaciones y el del Observador.

Cuando el silencio nos invita a observar nuestro interior, nos asustamos porque nos son aguas desconocidas. No estamos acostumbradxs a estar en nuestro silencio, a observar nuestras sensaciones ni observar nuestros productos mentales. Y como nos asusta mirar adentro, necesitamos apartar la mirada de ahí e intentar evadir ese miedo. Y la forma más fácil es abriendo el pico y hablar del cossas irrelevantes. O mirar el móvil, o fumar un cigarro, beber una cerveza, pero eso da para otro artículo (que por cierto, aún tengo pendiente, jeje).

«Cuando aceptamos el silencio y somos capaces de bucear en nuestro interior, es cuando iniciamos el magnífico viaje hacia nuestro Ser.» Senda Ramon.

Por una comunicación sana y real

Y retomando la frase con la que he empezado el artículo, podemos ser igualmente humanos (y animales) sin hablar tanto y sin sobrevalorar la palabra. A lo que comenté en este otro artículo sobre ser un animal consciente, añado que quiero ser animal consciente no solo cuando decido qué hacer o no hacer, sino también cuando hablo.

Quiero usar el don de la palabra de una forma sana, comunicando lo que me pasa, lo que siento, y atendiendo también esta necesidad del otrx, sin que el ego se meta de por medio con sus miedos y sus juicios. Quiero que se preste más atención a la comunicación no verbal. Quiero poder estar en compañía y contemplar la belleza del silencio en el momento presente, conectada y apreciando todo lo que nos rodea. Y gracias a los silencios, también, no estaremos sobresaturadxs de información.

Y tú, ¿también opinas que hablar está sobrevalorado? ¿Cómo te gustaría que fuese la comunicación?

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3 comentarios

  1. M. Carmen dice:

    Hola cariño, soy tu tieta M. Carmen de Barcelona, es para decirte todos tus artículos me inspiran y los encuentro muy acertados, este especialmente del silencio, me ha parecido especialmente bueno.Gracias, sigue así.
    Te envío un besito y un abrazo virtual.

    • Gracias MariCarmen!!! Qué ilusión leer tu comentario :D Me alegra muchísimo que te inspiren los artículos, son temas que me inquietan y necesito reflexionarlos. Espero que estéis todos bien, un abrazo gigante para todos!! Muamua!

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