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Otoño, recogimiento, introspección y calma. Soltar lo que ya no necesitas

Otoño, energía de calma e introspección

En otoño las hojas de los árboles empiezan a marchitarse, y es momento de recoger los últimos frutos que han crecido durante el verano. La energía se va hacia adentro, drenando, limpiando y purificando. Es la época de la contemplación y la reflexión, que invitan a la calma y la introspección. Es momento de dejar ir eso que ya no necesitamos.

La danza de las estaciones

En la naturaleza las energías son contractivas o expansivas. Esto es lo que ocurre con las estaciones y las fases de la luna.

La energía del verano es expansiva, es la energía de disfrutar, compartir, moverse, del estar hacia afuera. La energía del invierno es contractiva, es la energía del vacío, descanso, reposo, del estar hacia adentro. El otoño es una estación de transición, para ir de la expansión al recogimiento, y la primavera al revés, nos invita a despertar del letargo para ir al esplendor.

Otoño, parar el ritmo y soltar

En septiembre la temperatura empieza a descender anunciando la llegada del otoño. Alrededor del 23 de septiembre, el equinoccio de otoño, el día y la noche tienen la misma duración. A partir de entonces, los días se empiezan a acortar y la temperatura a bajar. Así, la naturaleza empieza a parar el ritmo.

El otoño es momento de liberación. La savia de los árboles se va hacia las raíces, de modo que las hojas, al dejar de ser nutridas, se irán secando hasta que caigan. Todas las plantas recogen y almacenan la energía para esperar hasta la siguiente primavera. Los animales empiezan a buscar refugio para pasar el invierno.

El otoño también es el momento de la última cosecha. Los frutos que no sean recogidos caerán al suelo, y serán a la vez compost y semilla de lo que volverá a nacer la primavera siguiente.

«Todo lo que la naturaleza ya no necesita o no puede seguir sosteniendo será liberado, y será transformado en algo que sí que será útil.»

Otoño interior: calma, introspección y depuración

Nosotrxs también somos naturaleza, y el otoño nos invita a frenar el ritmo y a llevar la atención hacia adentro. Es el momento idóneo para hacer una depuración del cuerpo, ya que disponemos de la energía para liberar esas toxinas que hemos ido acumulando a lo largo del verano. También es buen momento para hacer una limpieza a fondo del hogar o de los armarios, liberándonos de objetos o ropa que no usemos.

Al ir bajando el ritmo nos vamos adentrando a la calma e introspección, que serán mucho más intensas durante el invierno. Esto nos permite coger distancia para observar qué cosas de nuestra vida a lo mejor ya no necesitamos, o ya no nos sirven. No podemos cargar la mochila de forma infinita, cuanto más peso llevemos más nos va a costar avanzar. Tenemos que crear espacio en nuestras vidas para luego incorporar lo que sí que queremos.

Es un buen ejercicio preguntarse: ¿Qué quieres dejar ir para crear el espacio suficiente que te permita recibir eso que necesitas para estar y sentirte mejor, más feliz y en plenitud? En esta pregunta hay dos cuestiones implícitas: qué es lo que ya no necesitas, y hacia dónde quieres ir.

«Después del verano es un buen momento para soltar eso que ya no queremos/necesitamos, y poner el foco hacia lo que sí queremos.»

Gratitud, la última cosecha

Pero antes de dejar ir tenemos que haber hecho la cosecha de los últimos frutos, es decir, agradecer todo lo que tenemos y lo que ya no queremos. Agradecer nos permite integrar. No podemos dejar ir sin antes haberlo integrado, ya que sino se trata de una huida.

Así pues, agradece todo lo que has recibido, todos los frutos, pero también todas las dificultades vividas, ya que son las dificultades las que realmente nos han ayudado a realizar un aprendizaje aún más potente.

Otoño y luna menguante

La energía de la luna menguante se corresponde con la energía del otoño. La luna modula las fases de la fertilidad y tiene influencia en el agua, así como en las aguas internas (las emociones).

La luna menguante también facilita la depuración del cuerpo, y es el momento idóneo para finalizar ciclos (relaciones, situaciones, patrones, etc.), pero no es buen momento para iniciar. También nos invita al reposo y a la introspección.

La espiral de los ciclos

Aunque cada año tenga un otoño, cada otoño será diferente del anterior, ya que nuestro camino es una espiral: parece que los períodos o estaciones se repiten, pero nunca viviremos dos estaciones iguales.

Te invito a (re)sincronizarte con la naturaleza, eso que ya eres pero a lo mejor se te ha olvidado. El ritmo frenético de la sociedad actual nos incita a vivir en un verano eterno, no nos permite entrar en un otoño en el que pararnos y reflexionar hacia dónde estamos avanzando tan rápido.

Vivir nuestro otoño, a parte de ayudarnos a encontrar nuestro equilibrio, es un acto reivindicativo, para vivir ese descanso que nos merecemos.

Y tú, ¿cómo vives tu otoño? Te leo en los comentarios.

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